Por un buen tiempo, ni el hombre ni la mujer del
sector acomodado limeño hablaban de sus ingresos. Era poco menos que un
requisito para llamarse a sí mismos gente decente. Su actitud -diría que
influida por el catolicismo y el régimen aristocrático- se manifestaba en la
naturalidad con la que abrían sus arcas y gastaban lo que tenían.
Seguro que no dejaban de dar una limosna a los pobres, pero sobre el trabajo,
el esfuerzo y su recompensa hacían mutis. De otro lado, las señoras de la élite se
diferenciaban del sector no pudiente por una parada en la peluquería, un traje
hecho a medida, un par de zapatos y un bolso de cierto precio. Alguna joya. Un
pañuelo. Siempre un perfume. Todo muy bien, todo muy fino. ¡Eran regias!

A la par que la prensa, la televisión comenzó a hacerles guiños. Un buen
número de intelectuales, que acusaba al aparato de mantener al pueblo en la
ignorancia, hizo la pelea en vano. La mujer de las zonas marginales se volvió
devota de la caja boba y extendió su afición a sus hijas. ¡Qué dicha! Las niñas
crecidas de cara a la pantalla lograron meterse dentro de ella. Digan que no.
Forman hoy parte del grupo de desinhibidas, enfundadas en shorts y
camisetas de generoso escote que ganan billete a lo grande.
Para las nuevas regias, ya no es cosa de ir a la
peluquería. Lo suyo es el salón de belleza, un local decorado con detalles
hightech, donde al toque de un experto en materia de cortes, peinados y
coloraciones, se suma la labor de manicuros, pedicuros, maquilladores y
depiladores. Una facción del ejército nada invisible que las interviene para
hacerlas lucir como diosas radiantes. Por su edad, las chicas de la tele no
tienen muchas arrugas que disimular. El maquillaje debe ser sólo el toque que
les impida lucir pálidas ante los reflectores. Los labios engrosados. Las uñas
pulidas con un verde o celeste, mejor si el color está matizado con
estrellitas que hagan pensar en la superficie de un firmamento propio. Así y
todo, estas nuevas regias andan pendientes del cirujano plástico que se hace
cargo del lifting y del aumento de pecho. Del especialista
dental, mago del blanqueamiento de incisivos, premolares y molares. Imposible
dejar de mencionar a la nutricionista que las ayuda a mantener las formas. Y a
la masajista. No vaya a ser que la rescatada culinaria de la capital, les
regale unos rollitos.
En este punto, les hablo de mi nuevo proyecto. Entra primero a escena
una mujer extraída de la atmósfera de Edith Warton, la aristocrática newyorker de
la que partió Scorcese en La edad de la inocencia. Day Lewis, Winona Ryder, etcétera.
Para velar la identidad de mi personaje la llamaré la condesa Limoska. El
titulo le viene de Lima, a la escala que corresponda, y del personaje de madame
Olenska, la aristócrata de la novela de Warthon.
Desfila a continuación, una criatura de Anita Loos, autora que se hizo
célebre con Los caballeros las prefieren rubias, también una
película protagonizada por Marilyn Monroe. Esta segunda mujer, la Jessika,
procede del ambiente de la tele. Los destinos de ambas féminas se han cruzado
en un accidente. Los carros en los que viajaban, cada uno manejado por su
chofer, han chocado. El hecho ha tenido lugar, como dicen en los noticieros, en
la esquina del Museo de Arte Contemporáneo y la bajada a la Costa Verde.
Me falta un detonador para que, tras visitar las dos una muestra del MAC y salir insatisfechas, decidan escribir al alimón sus biografías. Adelanto que en algún momento son iluminadas por el insight psicoanalítico. La una se ríe de la contención que la ha llevado a detenerse siempre, justo al filo de lo que no se dice; y la otra, de su peculiar estilo de decirlo todo sin decir nada.
Me falta un detonador para que, tras visitar las dos una muestra del MAC y salir insatisfechas, decidan escribir al alimón sus biografías. Adelanto que en algún momento son iluminadas por el insight psicoanalítico. La una se ríe de la contención que la ha llevado a detenerse siempre, justo al filo de lo que no se dice; y la otra, de su peculiar estilo de decirlo todo sin decir nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario